Definiciones sobre ética y conciencia encontraremos muchas, pero de manera sintetizada se entiende como ética a "las normas que determinan lo bueno y lo malo en relación al comportamiento humano" y como conciencia al "conocimiento responsable de lo que se es y se hace, sea bueno o malo". En cuanto a la educación mencionaremos el fin que tienen en común los enfoques actuales: fomentar que cada ser humano construya desde adentro, es decir, desde su propia conciencia todas aquellas herramientas necesarias para lograr un fin mayor donde destaca la realización, sensibilización y "humanización" del hombre para un desarrollo óptimo, útil y saludables dentro de la sociedad donde vive. La educación superior persigue el mismo fin agregando al contexto el desarrollo de la persona según su vocación, aptitudes, metas y deseos en un ámbito profesional.
Nuestro país atraviesa una situación particular que pone en tela de juicio y discusión las actuaciones morales dentro de la sociedad. La educación superior se rige por normas de ética que muchos consideran "inviolables en cualquier contexto", y es que no se concibe un profesional “educado” por otros profesionales bajo acciones consientes que vayan en contra del deber, los valores, las normas y la correcta actuación que sustentan su vocación, pues no estaría educando y tampoco se estaría construyendo a sí mismo como un recurso valioso dentro de su entorno.
La crisis que atraviesa nuestro país y que parece cada vez más compleja e irreparable nos ha servido de excusa, haciendo que nuestras conciencias se vuelvan selectivas, olvidadizas y expertas en justificar acciones que sabemos "malas" en "necesarias" o "no tan malas" al vernos inmersos en situaciones que nos llevan a tomar medidas desesperadas para "sobrevivir", siguiendo nuestro propio concepto de adaptación a la nueva adversidad que se nos presenta y dejando entrar a través de múltiples goteras violaciones en contra de la ética tan preciada en nuestro sistema de educación superior.
La ética y la educación convergen en un punto frágil cuya ruptura genera un ciclo vicioso y peligroso. Si el hombre se educa para hacerse más humano, para desarrollarse integralmente y formar parte útil de una sociedad con valores claramente establecidos y se ve rodeado de repente de múltiples acciones de desidia, negligencia, conformismo, corrupción, ignorancia, sobornos, desinterés, abandono, de los cuales es consiente tanto él como aquel que le sirve de orientador y no obstante se sigue gestando casi como un pacto secreto que “no perjudica sino que beneficia a ambos”, entonces están usando con noción “lo malo” dentro de nuestra sociedad.
Cuando en momentos de crisis falla la ética profesional la educación es deficiente, la educación deficiente genera más crisis, y de este ciclo constante se va creando el camino que nos lleva al deterioro de nuestra sociedad y de nosotros mismos como personas.
Vivimos tiempos difíciles, como han vivido todos durante todas las épocas, y a todos nos parece que nuestra crisis es la peor, sentimiento justificado si partimos del hecho de que solo podemos evidenciar a través de las memorias de otros lo que fué. Podemos leer libros y emocionarnos hasta las lagrimas, podemos ver películas que cuentan historias y llenarnos de indignación, podemos escuchar testimonios de generación en generación y crear el sentido histórico que nos trajo a esta realidad, podemos pasar horas investigando y aprendiendo de las acciones que nos preceden, pero sólo podemos vivir nuestra crisis, la que nos toca, la que nos cae gota a gota cada día en la espalda y nos va moldeando, esa que es de todo un país pero que no deja de ser individual, porque cada gota que cae y golpea en la roca que no somos se vive colectivamente pero se siente individualmente sobre tu espalda, sobre la mía, sobre la de todos; y así, aunque la tormenta no distinga conciencias, las conciencias deciden como pasar la tormenta.

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